La noche muge,
triste y vacía.
Sienten los búhos
tu ausencia y lloran.
Los cocuyos
rehacen tus ojos,
y dibujan tus lágrimas
en cada hoja que aluzan
de donde brotan mis versos.
Evoco tu piel
grácil como el viento,
y tu dulce canto
que endulzaba mis noches.
Me asusta el silencio
de cada segundo
infinito.
Me indigna el tiempo.
El chillido de los grillos
desespera mis oídos.
Respiro.
Cuento mil
